Conferencia Internacional Católica del Guidismo

Reflexión 2

      Andaremos en los caminos de la Luz . . .

 

                 Las violencias que afectan la realidad de  las niñas
                                      y las adolescentes


Cómo no comenzar con un grito muy a menudo sofocado, muy raramente escuchado, pero siempre muy rápidamente entendido en lo más hondo de las buenas razones y las conciencias limpias.

Afortunadamente, el Buró Internacional del Trabajo está actuando para que recordemos que hoy en día, en 2005, ocho millones cuatrocientos mil niños permanecen avasallados en el mundo entero. Que quede claro: hoy en día, ocho millones cuatrocientos mil niños están reducidos a la esclavitud en el mundo. Hacen

    cajas de fósforos,
    parten piedras en las canteras,          

    tejen alfombras o
    languidecen en las minas.


Siempre se encuentra una buena razón para justificar el trabajo de los niños. ¡Es tan cómodo utilizar a niños para deslizarse por las vetas de carbón en las que los adultos, por su altura no consiguen pasar!. O también estos niños-esclavos sirven de «buenos para cualquier cosa», de criados, siempre en la tarea, sin sueldo ni horario, sin leyes que les protejan. Están al servicio de los ricos. Estos niños no son más que cosas y objetos.Claro está que hoy en día la esclavitud es ilegal pero la economía siempre encontrará buenos motivos para callar la realidad e incluso justificar la esclavitud de los niños.

La diferencia es que hoy, la violencia que afecta la realidad de las niñas y de las adolescentes los amenaza de dos maneras que aparentemente son contradictorias.

O bien esta violencia
es la de la pobreza, este engranaje en el que los pobres no tienen otra salida que la de volverse todavía más pobres mientras que los ricos, de todos modos y pase lo que pase, se volverán cada vez más ricos. Este encadenamiento del
hambre, del analfabetismo, del subdesarrollo, de la exclusión conducen directamente a la esclavitud.

O bien, y ésta es la segunda manera, la
violencia     
que toca la realidad de las niñas y de las adolescentes, las condena a la
superabundancia, a la superproducción, al consumo excesivo. Una parte importante de la población de las niñas y de las adolescentes de hoy no tienen como modelo, como vocación, como llamado más que el de ser consumidoras. Al fin y al cabo ellas también están condenadas a no ser más que esclavas… pero esclavas del consumo.

Es la economía la que reina en todas partes como dueña y está investida de la misión de educar a la humanidad. Basta para humanizar a la humanidad que funcione la maquina. De eso nos quieren convencer los partidarios de la violencia de una economía liberal. Se pide ante todo y esencialmente a las niñas y a las adolescentes, como a cada individuo, que consuma, que compre, que disfrute y que haga desbordar la basura para que « funcione la máquina ».

Durante mucho tiempo se creyó que el deseo no podía funcionar por encargo hasta que un día se descubrió que solo bastaba con inventar e inundar con publicidad para fabricar deseo o por lo menos para imponer a cada uno y a cada una, a toda edad y en todas circunstancias, el deseo que debe desearse.

A decir verdad es el antojo que sustituyó al deseo y, por supuesto, este no necesita responder a las verdaderas necesidades de las niñas y de las adolescentes. Basta con que estas ganas correspondan a lo que la economía de mercado espera de ellas. Esta claro que la publicidad hecha para un producto no demuestra en absoluto que este producto tenga la mejor «relación calidad-precio ». La publicidad que se hace para un producto sólo demuestra una cosa: que la empresa que lo vende tiene dinero suficiente para invertir en publicidad.

La verdad nunca ha pertenecido a los que gritan más alto y a los que arman lío. Si todo puede ser objeto de consumo, todo puede entrar en el juego del mercado. ¿Por qué no atreverse a decirlo?

Son cada vez más numerosos los que piensan que la religión, la catequesis y la fe deben entrar con entusiasmo en un mercado de lo espiritual y que el porvenir de la Iglesia estará asegurado el día en que en los híper y súper mercados se encuentren góndolas abiertas a los que tienen deseos religiosos. Por supuesto este mercado está completamente por fabricarse. Lo mismo que se crea el deseo de una marca de zapatillas, de un tatuaje en las nalgas, de una joya en el ombligo, de un tipo de peinado o de un DVD, ¿por qué del mismo modo no se podría crear el deseo de religión?. Son cada vez más numerosos los que lo piensan y lo creen.

Si sólo se tratara de respetar esta lógica de moda, la misión que Baden Powell había confiado al escultismo y al guidismo y que así había formulado: « Ser ciudadanos útiles » hoy se convirtiera en « ser consumidores y consumidoras » porque es el único camino abierto a las niñas y a las adolescentes para cumplir hoy en día con su misión de ser «ciudadanas útiles». ¿Pero, sinceramente, podemos confiar tanto en la economía hasta el punto de fiarse ciegamente en su propio funcionamiento?

                          

Noche y día, las niñas y las adolescentes no terminan de ser asediadas por las pulsiones, las urgencias y las ganas. Ya no es el encuentro con el otro lo que va a ser cimientos del porvenir de la sociedad sino los fantasmas y las pulsiones de mis propias deseos proclamando su «yo». Son mis antojos los que tienen que hacer funcionar la máquina y la sociedad no tiene que meterse con eso. La sociedad de consumo no necesita encontrar un sentido, es ella misma su propio sentido. Basta con que funcione la máquina tal como funciona. Las tecnologías de hoy y su mundialización sin fin, siguen sembrando por todas partes los deseos y los caprichos.

Hoy, las niñas y las adolescentes no necesitan a los demás. Ese artículo de la ley de las niñas en el guidismo que reza «
pensar siempre en los demás», ya no significa nada. Una niña de hoy ya no vive con los demás sino con una pantalla, la de la tele, la de la computadora, la de los juegos video o la de un celular. Los medios de comunicación han invadido el mundo de los deseos y de las ganas.

Y es en este terreno donde se hace cada vez más difícil diferenciar entre
comunicación y medio de comunicación lo superfluo forma parte y esta totalmente integrado en la propia comunicación. Hoy parece cada vez más improbable que un teléfono celular solo sirva para llamar. El celular de hoy tiene que poder sacar fotos, hacer videos, crear DVD, transmitir cadenas de tele, enviar correo electrónico, enviar o recibir SMS, escuchar programas de radio, bajar los últimos éxitos… Sin contar por supuesto con todo lo demás que basta con desear.

Conozco a adolescentes que pasan diez horas delante de una pantalla. ¿En aquel mundo todavía se necesita a los otros? Claro está que se necesita a « los otros » para tener destinatarios para comunicar. Conozco a adolescentes que han logrado conectarse entre tres amigas al mismo tiempo en las extremidades del mundo. Ahora su próxima hazaña será entrar en comunicación con cuatro interlocutoras a la vez… pero de todos modos no tienen nada que decirse sino satisfacer su deseo.

¿Por otra parte, ahora que el cine se hace numérico como puede seguir diciéndose ser cine?. Y ahora que las imágenes se meten directamente en lo virtual, ¿dónde está la realidad?. ¿Lo virtual no es más real que la realidad?. ¿Cuáles son las referencias de que se pueden valer las niñas y las adolescentes de hoy para «navegar su vida» sin verse devoradas por angustias infernales que, de todos modos, entre drogas, deseos de ser lo mejor de lo mejor, excitantes y calmantes no llegan más que a ser nuevos esclavos?.

¿Tendremos pues que concluir que el escultismo y el guidismo han pasado de moda? En el siglo XX, los scouts y las guías contribuyeron a la educación de generaciones de niños, adolescentes y jóvenes basándose en la vida en la naturaleza, la vida en equipo, la progresión, la promesa y la ley.

En un mundo en que todo está estallando: la política y la religión, la filosofía y la sicología, las ciencias humanas y la propia ciencia, la familia y la cultura, es evidente que no bastará con una nueva capa de pintura fresca para que el escultismo y el guidismo vuelvan a su vocación primera. Que por lo menos quede clara una cosa: el objetivo del escultismo y del guidismo nunca podrá ser «hacer escultismo y guidismo». La meta del escultismo y del guidismo nunca podrá ser la de salvar al escultismo y al guidismo. Del mismo modo que la meta de la Iglesia nunca podrá reducirse a querer salvar a la Iglesia llenando sus lugares de culto.

Cuando una institución, sea cual sea, no tiene otra meta que la de salvar a esta institución como se salvan los muebles, esta institución ya no tiene razón de ser.

El porvenir del escultismo y del guidismo nunca podrá contentarse con que funcione la tienda scout y guía. De ser así, sería la señal de que el escultismo y el guidismo no escaparon de las violencias de la economía de consumo: «¡Hacer que funcione la máquina cueste lo que cueste!». El día en que el escultismo y el guidismo no sean útiles sino para
hacer que funcionen el escultismo y el guidismo es que escultismo y guidismo habrán cesado de estar al servicio de chicos y chicas para pretender que chicos y chicas no existan sino para mantener los efectivos y hacer beneficios para permitir que « funcione la máquina »...

Incluso la religión no está a salvo de esas violencias. Ella misma se contentaría fácilmente con «hacer girar» la religión como se hace funcionar los funcionamientos. Sin embargo es cada vez más evidente que el evangelio no tiene por meta salvar a Dios. En resumidas cuentas Dios se porta bien.

El encarnecimiento que desde el final del siglo diecinueve pretendía la muerte de Dios acabo por caer en la indiferencia. Dios se portaría seguramente aún mejor no si las iglesias estuvieran llenas sino si la doctrina doctrinaria aceptase autorizar que cada hombre, cada mujer, cada niño pudiera descubrir que nadie tiene derecho a prohibirle ser
amado por Dios.

La meta del evangelio es, tal vez, bastante menos proteger a Dios de la tontería humana que proteger la humanidad de cada una y cada uno contra todas
las violencias perversas atribuidas a Dios por la lógica doctrinaria. La labor evangélica no es querer cristianizar por la doctrina sino dejar humanizar al humano por el Amor mismo de Dios.

La primera responsabilidad del escultismo y del guidismo de hoy sólo puede ser humanizar a los chicos y chicas ahogados por las violencias del consumo bajo el pretexto que cuentan con chicos y chicas para hacer que funcione la máquina. Ya no es tiempo de soñar con el escultismo y el guidismo de antes. Se hace cada vez más urgente crear un escultismo y guidismo que alcance los deseos del hombre de hoy. Ser ciudadano útil es otra cosa que ser un consumidor a toda prueba. La dificultad viene de que hoy la ecología no siempre es tomada en serio, la política sólo es irrisoria, el poder no es mas que malversación de fondos y tráfico de influencias, en cuanto a la religión sólo se salva tomando su distancia con la experiencia humana, pretendiendo que todo aquello que podría hacer crecer al hombre no puede menos que robarle a Dios. Las ideologías están en quiebra sin que hayamos salido de lo doctrinario.

Quedan los hombres y las mujeres. Queda «
el otro ». ¿Pero el otro existe aún? ¿Puede seguir existiendo? ¿El otro es más que una imagen en la pantalla?, ¿El otro es más que la imagen misma? ¿El otro no es, justamente, la misión del escultismo y del guidismo? ¿El otro no es, ya, la cita de Varsovia en el encuentro de la CICG en julio de 2006?
 

  Jean Debruynne-2005
 
Capellán mundial

    

                                                                  
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                                                                   Acogida sección Encuentro 2006

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