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Pasado el sábado las mujeres van al sepulcro.
Este hecho, que parece tan simple, nos recuerda el camino de tantas mujeres
que transcurren sus vidas. Su delicadeza, su ternura y esa visión tan
particular que poseen, se manifiestan en el cuidado de la persona querida,
incluso en medio del dolor y de la muerte, aún en detrimento de su propio
sufrimiento.
Este modo se hace evidente cuando van camino al sepulcro -casi como una
metáfora de tantas mujeres que van por la vida camino al sepulcro, porque la
sociedad las cosifica, las margina, las transforma en objeto-, ellas que han
seguido con su propia pasión la Pasión de Jesús, van al sepulcro porque
saben que Él nunca las abandonó, que les devolvió su dignidad, por eso no
pueden dejar de hacer algo por Él.
De nuevo, tienen la experiencia de Dios que hace temblar las estructuras,
que mueve las piedras, que devuelve la esperanza. No está aquí, HA
RESUCITADO. La alegría invade sus corazones y llena de plenitud sus vidas.
DIOS HA RESUCITADO. No se olvidó de ellas, sino que sigue estando presente.
Al compartir la alegría del RESUCITADO en medio nuestro, no se olviden de
comprometerse en el servicio de Dios que camina junto a nosotros, porque las
realidades de muerte son realidades de compromiso con el Dios de la vida. El
camino que lleva al encuentro con el Resucitado es un camino de FIDELIDAD,
de confianza en Dios.
¡FELICES PASCUAS!
P. Carlos Gómez O de M
Capellán Mundial

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