|
|
“La Cuaresma es el tiempo propicio para aprender a permanecer con María y
Juan, el discípulo predilecto”, nos dice Benedicto XVI.
Es
el tiempo propicio para aprender a descubrir cómo ser discípulo y en este
ser discípulo comprendemos que Jesucristo nos amó primero y nos muestra cuál
es el camino del amor. Porque antes se ha manifestado en el llamado, en la
transfiguración.
El rostro que contemplamos traspasado de dolor es también el que
contemplamos en la gloria del Tabor. No es un rostro distinto, es el mismo
rostro que uno debe descubrir en momentos diferentes. Es el rostro del
traspasado, del desfigurado, que encontramos en tantos rostros doloridos, en
tantos cuerpos destrozados.
Por eso el camino del discípulo es un aprendizaje constante, que nos permite
saber mirar la realidad desde el lado del Dios que nos ama y ese amor
implica entrega permanente y total.
Ser discípulo es aprender a estar al servicio, especialmente de los más
desposeídos. Una Iglesia que está al servicio es una Iglesia del
discipulado.
En un mundo que quiere que miremos hacia otro lado o pretende justificar el
odio y la muerte, nosotros nos presentamos diciendo: somos discípulos del
Señor, del Señor de la Vida.
Cuaresma es tiempo para asumir con gratitud la vida como un don.
Para promover con pasión una cultura de la vida en el servicio cotidiano.
Para defender la dignidad de toda vida, en especial la de los más débiles e
indefensos.
Para anunciar el Evangelio de la vida, al Jesús Camino, Verdad y Vida para
cada hombre y mujer, cada comunidad y cada pueblo.
P. Carlos Gómez, O de M
Capellán Mundial

Réflexion
1
( français )
Reflection no
1 ( english )
Accueil (section
française)
Home (english section)
Acogida (sección en español)

|