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“Contemplar al que traspasaron” es la invitación que nos hace el Papa en
esta Cuaresma.
Los primeros en contemplar a Cristo traspasado son María y Juan, el
discípulo amado, y de María también podríamos afirmar la discípula amada.
En esta expresión se nos muestra cuál es el camino del discípulo... es estar
al pie de la cruz contemplando al traspasado, al que crucificaron.
Entonces, casi naturalmente, surge la pregunta ¿qué significa ser
discípulos? ... ¿es estar de manera estática o es estar en movimiento?...
Y es aquí donde uno puede decir las dos cosas son ciertas, ambas actitudes
corresponden. Es la contemplación y es la acción, es el recogimiento y es el
estar en movimiento.
Porque ser discípulo es haber descubierto el amor, al amado y abrazarse a
él. Y ser discípulo es ponerse en movimiento, por haber descubierto el amor
en todo hombre que sufre, en todo hombre traspasado.
Haber descubierto y abrazar al niño y a la niña solos o excluidos; a los
recién llegados, a los desplazados por la guerra o por el hambre, a los más
pequeños.
Porque
hemos encontrado en la cruz el sentido profundo del amor, en aquel que nos
amó hasta dar la vida por nosotros, es que nos ponemos una y otra vez en
marcha.
Esta Cuaresma debe ser para nosotros motivación para ir recorriendo el
camino del discípulo, para ir descubriendo nuestras miserias, nuestros
dolores que esperan ser curados y el gran amor que Dios nos tiene.
Esta Cuaresma es el tiempo de reconocer en el otro al hermano, aquel que
sufre, que padece, que está herido o desgarrado. Todos aquellos que esperan
ser levantados, reconocidos, amados.
Ser discípulos del Señor, que nos viene a decir: “Miren, si quieren seguirme
sepan que no es fácil, no lo fue ayer, no lo será hoy. Sin embargo, Yo estoy
a su lado”.
P. Carlos Gómez, O de M
Capellán Mundial

Réflexion
1
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Acogida (sección en español)

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