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En la espesura de la noche una mujer alumbra un Hijo.
María con alegría y esperanza y mucho de valentía ha llevado en su seno al
Dios de la Vida. Hoy lo alumbra, lo da al mundo. Cuando Jesús nace se
escucha el canto de los ángeles que dan gloria a Dios, que anuncian el Reino
de amor y de paz.
Un
Niño se nos ha dado y en este nacimiento es relevante la presencia de la
Madre. María, con humildad, me dices: “A Él”, señalando al Niño acostado en
un pesebre y envuelto en pañales. Es a Él a quien debes mirar. Con actitud
generosa me invitas a contemplarlo, me lo entregas como un don, pero
repites, “sólo Él”.
Y miro y busco a este Niño recién nacido en éste, nuestro mundo actual, y no
lo veo, quién se lo ha robado, quién lo ha secuestrado, en qué lugar lo
están haciendo trabajar como esclavo. Me duele su ausencia, siento que debo
encontrarlo. Quién se ha arrogado el derecho de quitarme a mi Dios, quién ha
dispuesto que no haya paz, que no haya esperanza, que no haya alegría en
este mundo. Y de nuevo vuelvo la mirada hacia la Madre que me señala: “sólo
Él”, es preciso encontrar a ese Niño envuelto en pañales, no dejemos que nos
roben, que nos secuestren, que nos esclavicen a Dios. Y miro más
profundamente y en medio de las tinieblas brilla una luz, Él está allí, en
una cueva escondido y no puedo dejar de ir, porque hay una estrella que me
guía, lo encuentro y lo abrazo. En medio del sufrimiento está con nosotros,
en la humillación, la pobreza, está con nosotros, en los más pequeños , en
los últimos, está con nosotros. Por eso la paz, el amor, la alegría son
posibles, por eso podemos decir feliz Navidad.
Hermanas guías nunca dejemos de seguir el método que nos compromete a la
vida, seguir las señales, buscar para encontrar la Luz.
P.Carlos Gómez
O de M

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