Conferencia Internacional Católica del GuidismoReconciliación - Mateo, 5, 20-26 |
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[Mateo 5, 20-26] [Lucas
10, 38-42] [Lucas
11, 5-13] [Lucas
11, 14-26] [Lucas
11, 27-28]
[Lucas 17, 11-19]
[Lucas 11, 42-46]
[Lucas 11, 47-54]
[Lucas 1, 5-25] [Mateo
1, 18-24]
| 5 de octubre de 1998 |
Mateo, 5, 20-26
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Os digo que si no sois mejores que los maestros de la ley y los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a nuestros antepasados: "No matarás"; y el que mate será llevado a juicio. Pero yo os digo que todo el que se enfade con su hermano será llevado a juicio; el que lo llame estúpido será llevado a juicio ante el Sanedrín, y el que lo llame impío será condenado al fuego eterno. Así, pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. Trata de ponerte a buenas con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que te entregue al juez, y el juez, al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
| Meditación |
by Jean Debruynne
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En este texto Mateo habla de la urgencia de la reconciliación, y para traducirlo lo presenta de manera muy radical. Incluso más allá de lo que se puede entender. De hecho, Mateo abre tres puertas de la reconciliación.
Está, primero, la reconciliación con el Otro, el adversario, el hermano, y esta reconciliación con el otro es la puerta de la reconciliación con Dios. Si yo me reconcilio con el otro, me reconcilio con Dios, y no puedo reconciliarme con Dios si no me reconcilio con el otro. Y esto es verdad hasta el punto que la Iglesia confía a los hombres el perdón de Dios. La reconciliación con uno mismo es la que a menudo se olvida más, y a menudo ocurre que uno se embrolla y rompe con los demás porque no está reconciliado consigo mismo. Cuando no me atrevo a mirarme a mí mismo y acuso siempre a los otros; cuando vivo mal, me vivo mal a mí mismo y estoy siempre tentado de acusar a los demás.
Todo este pasaje, "si tu ojo derecho es ocasión de pecado arráncalo", no es una llamada a mutilarse, sino una llamada a convertirse. Una llamada a cambiar el punto de vista sobre los otros y sobre uno mismo, cambiar la mirada sobre sí mismo y sobre los demás. En esta llamada a la reconciliación podemos notar que Jesús no dice solamente "si tienes algo contra tu hermano, ve a reconciliarte con él", sino que dice: "si tu hermano tiene algo que reprocharte, tiene una queja contra quien sea, deja tu ofrenda allí mismo y ve antes a reconciliarte con tu hermano".
Este proceso de reconciliación que emprendemos hoy es de verdad un reto de la fe, un acto de fe.
Es algo distinto de una negociación diplomática, es distinto de una negociación, pero no quiere decir que no hay que hacer una negociación. Quiere decir que el proceso de reconciliación que emprendemos es un proceso de conversión, de conversión interior profunda, de cambio de mirada y de cambio de corazón.
No son sólo los que están en guerra los que tienen que reconciliarse, somos nosotros los que tenemos que entrar en este movimiento de reconciliación, somos nosotros los que tenemos que comenzar este camino de reconciliación para que los que están en guerra puedan entrar en él y puedan recorrerlo. Y esto no podemos hacerlo desde nuestro exterior, es un movimiento del corazón, del interior, y un movimiento de conversión en Jesucristo. Este movimiento de conversión viene de Dios, es iniciativa de Dios, no somos nosotros quienes hemos decidido este movimiento de reconciliación, viene de Dios, de la ternura de Dios y nosotros somos los depositarios de la ternura de Dios. A nosotros nos ha entregado el cuidado de curar, esta ternura de Dios que se ha roto en el corazón de los Hombres. Y por eso nos atrevemos a decir Padre Nuestro...
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