Conférence Internationale Catholique du Guidisme - International Catholic Conference of Guiding - Conferencia Internacional Católica del Guidismo

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Reconciliación - Mateo, 1, 18-24 

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20 de octubre 1998
Mateo, 1, 18-24 

 

El nacimiento de Jesús, el Mesías, fue así: su madre María estaba prometida a José y, antes de vivir juntos, resultó que había concebido un hijo por la acción del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió separarse de ella en secreto. Después de tomar esta decisión, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

- José, hijo de David, no tengas reparo en recibir a María como esposa tuya, pues el hijo se espera viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había anunciado el Señor por el profeta:

La virgen concebirá y dará a luz un hijo,
a quien pondrán por nombre Emmanuel (Is 7,14)
(que significa "Dios con nosotros").

Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado: recibió a su esposa, 25y, sin tener relaciones conyugales, ella dio a luz un hijo, al que José puso por nombre Jesús.

 


 Meditación
 by Jean Debruynne

En el Evangelio de Mateo es José quien recibe un anunciación. José es un pobre, es un silencioso. Por mucho que se busque en todos los manuscritos, los documentos, nunca se ha encontrado una palabra de José.
Pero José es un lejano descendiente de David. Y el que debe venir debe ser de la casa de David. Dios y el Espíritu de Dios siempre encontrarán caminos para decir lo que tienen que decir. Jesús no es el hijo de José sino el hijo de David. Es la desposesión, la pobreza de José, la que hará que Jesús sea el hijo de David.
Según la ley, José hubiera tenido que entregar a María, denunciarla para que fuese lapidada. Acuérdense de la mujer adúltera. Pero José tiene algo que se ha perdido, una cosa que nos falta mucho hoy, el respeto a la persona.

Hoy, cuando se acaba de decretar un proceso contra Bill Clinton, cuando salimos de una noche en que ha habido muertos en Irak, ahí está José, el pobre que protege a María.

El respeto a la persona: ¿no es un punto fundamental de la educación guía? Los ojos, las palabras, los gestos que respetan a la persona.

José, que no es nada, es quien va a poner nombre a Jesús. Dios le encarga de dar un nombre a su hijo. Ustedes saben lo que quiere decir poner un nombre: no es solamente inscribirlo en el Registro Civil. Poner un nombre es al mismo tiempo hacer que exista. Seré llamado por ese nombre. Voy a existir a los ojos de los demás por ese nombre. Ese nombre seré yo.
Al mismo tiempo, poner un nombre es dar una vocación. Ustedes saben que nuestro nombre hace lo que somos. La Biblia está muy atenta a esto, da sentido a cada nombre. Una vocación a cada nombre. La cultura occidental ha perdido esa gracia del nombre que dice lo que estoy llamado a ser.

Creo que la pedagogía guía debe ser capaz de poner nombre a la persona.
La pedagogía guía debe ser capaz de dar nombre al niño y sobre todo al adolescente. En las Guías, el niño o el adolescente deben poder decir: yo he sido llamado(a) por mi nombre.

El nombre que Dios pide a José que ponga a Jesús es Emmanuel, "Dios-con-nosotros".
No es Dios con nosotros para ganar la guerra, es Dios con nosotros en favor de los hombres.
Es el Dios humano, el Dios humanizado, es decir, el Dios hecho hombre.

Me parece que la vocación propia del Guidismo es humanizar.

La fe cristiana no nos invita a evadirnos de las cosas de la tierra para instalarnos en las cosas del cielo.
Nosotros caminamos sobre la tierra. Tenemos los pies en el suelo. Tenemos dolor de espalda.
Dios es humano. Está aquí con nosotros. Dios no nos propone la evasión, nos propone la vida. Dios se hace hombre, y si queremos encontrar a Dios, orar a Dios, necesitamos peregrinar hacia los hombres.

Cuando el ángel dice "le llamarás Emmanuel", quiere decir que desde ahora el lugar sagrado, el templo, la montaña sagrada es el hombre. Me parece que para nosotros, cristianos en el Guidismo, el camino está ahí.

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