Conferencia Internacional Católica del GuidismoReconciliación - Lucas, 1, 5-25 |
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[Mateo 5, 20-26]
[Lucas 10, 38-42]
[Lucas 11, 5-13]
[Lucas 11, 14-26]
[Lucas 11, 27-28]
[Lucas 17, 11-19]
[Lucas 11, 42-46]
[Lucas 11, 47-54]
[ Lucas 1, 5-25 ] [Mateo
1, 18-24]
| 19 de octubre 1998 |
Lucas, 1, 5-25
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En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote, llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una mujer de la descendencia de Aarón, llamada Isabel. 6Ambos eran irreprochables ante Dios y seguían escrupulosamente todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran ya de edad avanzada.
Estaba un día Zacarías ejerciendo el servicio sacerdotal tal como le correspondía por turno a su grupo. Según el rito sacerdotal, le tocó en suerte entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso. Todo el pueblo estaba orando fuera mientras se ofrecía el incienso. Y el ángel del Señor se le apareció, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y se llenó de miedo. Pero el ángel le dijo:
-No temas, Zacarías, tu petición ha sido escuchada. Isabel, tu mu jer, te dará un hijo al que pondrás por nombre Juan. Te llenarás de gozo y alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, quedará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre 1y convertirá a muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos, para inculcar a los rebeldes la sabiduría de los justos, y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
Zacarías dijo al ángel:
-¿Cómo sabré que va a suceder así? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada
en años.
El ángel le contestó:
-Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido en viado para
hablarte y darte esta buena noticia. Pero tú te quedarás mudo y no podrás
hablar hasta que se verifiquen estas cosas, por no haber creído en mis
palabras, que se cumplirán a su tiempo.
El pueblo, entre tanto, estaba esperando a Zacarías y se extrañaba de que tardase tanto en salir del santuario. Cuando salió, no podía hablarles; y comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hacia señas, porque se había quedado mudo. Cumplidos los días de su ministerio, marchó a su casa. Algún tiempo después, su mujer Isabel concibió, y no salió de casa durante cinco meses. Y decía:
-Al hacer esto conmigo, el Señor ha borrado mi vergüenza ante los hombres.
| Meditación |
by Jean Debruynne
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No querría que esta meditación pudiese pesar sobre
vuestra libertad. Mi tarea consiste más en activar vuestra libertad ante
vuestra responsabilidad, que en orientar vuestro trabajo.
Para ser más honrado conmigo mismo, no he estado buscando un texto especial, he
tomado el texto de hoy. Evangelio de Lucas, capítulo 1, 5-25.
Se trata de la anunciación a Zacarías, que es un sacerdote. Es viejo, su mujer es vieja. No tienen hijos. Lo cual es dramático pues el cargo de sacerdote se transmite de padre a hijo. Isabel, la mujer de Zacarías, es estéril. Cuando Zacarías está en el templo para ofrecer el sacrificio del incienso, he aquí que un ángel viene a visitarle; y el ángel le dice: no tengas miedo, vas a tener un hijo. Pero Zacarías se queda dudando; dice ¿cómo voy a saber que va a suceder esto? Zacarías oye que el ángel le dice: ya que quieres un signo, te voy a dar uno. Desde ahora quedarás mudo. Y pierde la palabra. El silencio toma la palabra. Pero algunos meses más tarde su mujer está encinta, y guarda el secreto porque es una vieja y en el pueblo todo el mudo va a bromear a su costa. Pero en su interior, se dice: mira lo que ha hecho el Señor por mí, cuando se ha dignado poner fin a lo que me avergonzaba a los ojos de los hombres.
Ustedes saben que el Evangelio, todos los Evangelios, están escritos al revés, se escribieron comenzando por el final. El acontecimiento de la fe fue la muerte y resurrección de Jesús. Fue más tarde cuando se ocuparon del nacimiento de Jesús.
Ustedes saben muy bien que cuando muere un gran hombre, se preocupan primero del acontecimiento de su muerte, y sólo más tarde salen libros sobre su vida.
En ese momento las primeras comunidades cristianas se hacen
preguntas, tienen dudas. No es hoy cuando los cristianos tienen dudas sobre
ellos mismos. Los primeros cristianos se plantean la pregunta: ¿quién es el
Mesías?
En ese momento hay cristianos que dicen: el Mesías es Juan Bautista, y otros
que dicen: el Mesías es Jesús.
Todo el principio del Evangelio de Lucas pondrá en escena a los dos niños y a los dos personajes. Ustedes recuerdan que es en el momento del bautismo de Jesús cuando Juan Bautista dice: no soy yo, es él.
Pueden Vds. hacer un paralelo entre la anunciación a Zacarías y la anunciación a María.
El ángel viene a ver al padre de Juan Bautista. El mismo ángel viene a ver a la madre de Jesús. El padre de Juan Bautista es un sacerdote, es un hombre de la institución, un hombre que está en la religión.
Zacarías sufre porque no tiene un hijo, ni, por tanto, sucesor. Finalmente tiene un hijo, Juan, pero que precisamente no será sacerdote, será profeta. La madre de Jesús, por su matrimonio con José, será de una estirpe prestigiosa, la estirpe de David. Pero es una realeza pasada. José es carpintero y Jesús nacerá en un establo.
Zacarías duda: ¿cómo sabré yo que va a suceder todo esto? María hace un acto de fe, a pesar de su pregunta: ¿cómo es posible que tenga un hijo si no conozco varón?
Pueden continuar poniendo estos dos relatos uno junto al otro.
La primera cosa que tenemos que retener hoy es: tanto en un relato como en otro, es siempre Dios quien entra en la historia de los hombres. Lo que tenemos que hacer, que aclarar juntos hoy: ¿cómo entra Dios hoy en la historia de los hombres por el Guidismo?
Dios tiene varios caminos para entrar en la historia. Ya pase por el camino de la Institución, del templo como el Ángel de Zacarías, o pase por el camino de los pobres con María, el camino es siempre inesperado, siempre una sorpresa. No hay realmente esperanza de que Zacarías e Isabel tengan un hijo. Es demasiado tarde. Y no hay ninguna esperanza de que María tenga un hijo. Lo dice ella misma.
Creo que ahí estamos convocados hoy a cruzar una frontera.
El Guidismo hoy debe franquear la barrera de lo imposible. Cuando no queda
esperanza, entonces hay que hacerlo.
Diría, además, que, entrando en la historia, Dios engendra la diferencia.
La historia no se reitera nunca. Cada época es una diferencia y Dios no parlotea y tampoco se reitera.
Cada época de la historia es una palabra nueva. Y esta mañana somos responsables de la novedad de esta palabra. No estamos aquí para mantener, para que nos sobreviva el pasado. Estamos aquí para engendrar el futuro. Por eso es tan importante este encuentro.
Vds. que son los responsables, ¿qué es lo que ven del
futuro del Guidismo como signos, en sus distintos países?
No se trata aquí de llegar a un consenso, a una unanimidad, se trata de
iluminar nuestras libertades, nuestras opciones, pues cada uno es responsable de
las suyas.
Eso que podríamos decir mañana por la tarde al marcharnos: mirad lo que el
Señor ha hecho por mí. Gracias.
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