Conferencia Internacional Católica del GuidismoReconciliación - Lucas 17, 11-19 |
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18-24]
| 11 de octubre 1998 |
Lucas 17, 11-19
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De camino hacia Jerusalén, Jesús pasaba entre Samaría y Galilea. Al entrar en una aldea, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y comenzaron a gritar:
-Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros.
Él, al verlos, les dijo:
-Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, volvió alabando a Dios en voz alta, y se postró a los pies de Jesús dándole gracias. Era un samaritano. Jesús preguntó:
-¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Tan sólo ha vuelto a dar gracias a Dios este extranjero?
Y le dijo:
-Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
| Meditación |
by Jean Debruynne
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Este texto utiliza expresiones que no nos son familiares, pues no estamos en la misma cultura ni en la misma época.
Jesús iba de camino hacia Jerusalén.
Volvemos a encontrar a Jesús de camino.
La casa de Jesús es el camino.
Él habita el camino.
La única morada de Jesús que se conoce es su sepulcro, y está vacío.
Su casa es el camino, la ruta.
Por eso siempre estamos invitados a tener un corazón que habite la ruta.
La fe siempre dice: "Levántate y anda".
Jesús está de ruta, y por eso ha tenido que irse.
Jerusalén está detrás, es la capital, es la gran ciudad,
es la ciudad santa, es la ciudad del Templo.
Jesús ha dejado la ciudad santa, y la ha dejado para ir hacia el Norte: es
Samaría y Galilea. Deja la ciudad de los creyentes, de la gente de bien. Va
hacia Samaría y Galilea.
Samaría son los herejes, tiene su propio Templo, su propia religión. Los
judíos desprecian a los samaritanos y los samaritanos desprecian a los judíos.
Jesús va hacia Samaría y hacia Galilea, fronteriza con Siria. Galilea es un
país que tiene mala reputación, lo llaman la tierra de las naciones porque a
la gente que echan o expulsan la envían a Galilea. Es una tierra de inmigrantes
que vienen de todas partes con gente que practica los 400 golpes. Jesús elige
ir donde los herejes, deja la gente de bien para ir hacia la gente de cualquier
cosa, y de camino encuentra a 10 leprosos.
Los galileos son gente excluida.
Los samaritanos son gente excluida.
Los leprosos son también gente excluida.
En la época de Jesús la lepra era una enfermedad de excluidos. Para protegerse
de los leprosos se les prohibía entrar en las ciudades.
La lepra era una enfermedad social.
Cuando uno tenía lepra era expulsado de la sociedad, tanto más cuanto que se
creía que era Dios quien enviaba la lepra como castigo por los pecados.
Jesús entra hoy en el mundo de los excluidos. Va al encuentro de los expulsados,
olvidados, los marginados, a los que no se quiere ni ver. Entre los leprosos hay
un samaritano. Excluido porque es leproso y porque es samaritano.
Los leprosos claman a Jesús, y Jesús les dice "id a mostraros a los
sacerdotes". Eran los sacerdotes los que tenían el poder de decretar que
alguien era leproso. Ellos excluían. Y eran ellos también los que decretaban
"estás curado", y así eran los sacerdotes los que efectuaban la
reintegración social.
Si Jesús dice "id a ver a los sacerdotes", es para que los sacerdotes
pudiesen verificar la curación.
Dice: "id a ver a los sacerdotes para mostrarles que estáis curados".
Y ellos van.
¡Jesús apela a la fe!
No están curados, y se van a mostrar que están curados. ¡Eso es la fe!
Y por el camino quedan curados. Es de camino cuando son curados.
Entonces entre los 10 hay 9 que tienen tanta prisa por recobrar su lugar en la
sociedad que van enseguida a ver a los sacerdotes para decirles: ¡Mirad, estoy
curado! Solamente hay uno que no va primero a que le vean los sacerdotes, porque
para él hay algo más urgente: reconocer la ternura de Dios. Vuelve atrás y
cae a los pies de Jesús, para decirle: gracias. Y justamente ese es un
extranjero, un samaritano, un hereje. Jesús le dice: "Levántate, tu fe te
ha salvado". ¡Al hereje, es a quien Jesús le dice "Levántate, tu fe
te ha salvado"! ¡Al hereje, es a quien Jesús le dice "Vete, tu fe te
ha salvado"!
Entiendan bien lo que se juega en este evangelio.
Nosotros, responsables guías, vamos a reflexionar a partir de aquí.
El Guidismo es un trabajo de educación, y ¿qué es la educación? Es hacer posible que las niñas, las adolescentes, las jóvenes ocupen su puesto en la sociedad, lo que se dice integrarse socialmente, formar parte de esta sociedad.
La cuestión que se nos plantea entonces es ¿qué es lo
más urgente? ¿Lo más urgente es acoger primero en el Guidismo a las que
están ya en la sociedad o a las que no tienen su sitio en la sociedad? ¿Está
hecho el Guidismo sólo para la gente de Jerusalén o también para los de
Samaría y los de Galilea? ¿Para los leprosos también?
El Guidismo nació en Inglaterra, en Occidente, en Europa. Pero ni Europa ni el
Occidente son propietarios del Guidismo. Pertenece a los y las que lo hacen, y
lo hacen vivir.
La gente que vive en Galilea ¿tiene que vivir como la de Jerusalén? ¿El
modelo es Jerusalén o el corazón de Dios? ¿Los Samaritanos tienen que ir a
Jerusalén, o la gente Samaría y Galilea tiene que ir al corazón del hombre?
¿Tienen que esperar los leprosos a ser curados para ser amados por Dios, o Dios
ama a todo el mundo, incluso a los excluidos, incluso a los marginados?
Entonces, ¿es que no ha llegado la hora en que hay que plantearse cierto
número de cuestiones?
Aunque hablo de jóvenes y viejos, yo que soy un viejo, que
estoy contento y feliz de ser un viejo, no me siento superior a Vds. Hay entre
Vds. quienes saben muchas más cosas que yo.
Mi pregunta es: ¿qué espero de los jóvenes hoy, en qué tengo necesidad de
los jóvenes de hoy, en qué me son necesarios Vds.?
La cuestión de Vds. es: ¿en qué tienen Vds. necesidad de los viejos? ¿En
qué les son necesarios los viejos? ¿Qué les faltaría si no existieran los
viejos?
Si yo, europeo, pregunto qué esperamos de Africa, para qué tenemos necesidad
de Africa, se me va a responder, que necesitamos a Africa por los cacahuetes,
por el algodón...
Europeos, ¿para qué tenéis necesidad del corazón del Hombre de Africa?
Y Vds., lo mismo. Si se les plantea la cuestión: ¿para qué necesitan a
Europa? Hablarán... del hierro, del papel...
¿Para qué necesitan la ternura de Europa, del corazón del Hombre de Europa?
Tienen que preocuparse de hacer un Guidismo africano.
Enorgullézcanse de hacer un Guidismo africano.
Tienen una cultura africana, un corazón africano, tienen muchas cosas propias,
regalos que tienen que transmitir a sus hijos. No tomen sus modelos de Europa,
tómenlos del corazón africano. Está listo para amar.
Y nosotros, CICG, tenemos que plantearnos la pregunta: ¿qué
esperamos de Africa? ¿Esperamos solamente cosas, o un amor grande?
Lo que hemos comenzado aquí es una gran victoria, es una gran cosa, ¡existe
una Región Africa! Metan bien adentro el Guidismo en su cultura, que el
Guidismo esté aquí en su casa. El de Vds., no un Guidismo extraño.
¡Levántate, tu fe te ha salvado!
Porque el Guidismo en Africa hoy es una cuestión de fe. ¡Creemos en él! ¡Levántate, tu fe te ha salvado! Necesitamos el Guidismo de Vds. Por favor, Vds., africanos, enséñennos su Guidismo. Gracias.
12 de octubre
Ustedes saben bien que el Guidismo es capaz de curar todas las lepras del
corazón, hasta la lepra de la guerra, hasta la lepra de los conflictos, hasta
la lepra de los rencores.
El Guidismo es capaz de curar las lepras, pero el Evangelio no nos dice cómo,
pues el "cómo" es asunto de todos nosotros.
Dios no lo hace todo.
Él actúa con nosotros.
Cada cual tiene su parte.
Dios cura, pero nos toca a nosotros saber cómo curar.
Es ese "cómo" lo que cada Delegación va a expresar. Cómo nos vamos
a arreglar para curar la lepra, la lepra de la guerra, la lepra del odio, la
lepra de los conflictos, de los rencores y de las venganzas.
Es una palabra de compromiso. Una palabra en que tomamos por testigos a todos
los demás países, no como un juramento, sino como una palabra que nos
compromete como una promesa, pues lo sabemos, el juramento sólo compromete a
uno mismo mientras que la promesa es una promesa de Dios. En la promesa Guía
está la promesa de Dios. En la promesa que vamos a hacer, es Dios quien se
compromete. Nuestra promesa no hace más que decir sí a la palabra de Dios, el
primer paso es Dios.
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