Conferencia Internacional Católica del GuidismoReconciliación - Lucas 11, 5-13 |
|
[Mateo 5, 20-26]
[Lucas 10, 38-42]
[Lucas 11, 5-13] [Lucas
11, 14-26] [Lucas
11, 27-28]
[Lucas 17, 11-19]
[Lucas 11, 42-46]
[Lucas 11, 47-54]
[Lucas 1, 5-25] [Mateo
1, 18-24]
| 8 de octubre de 1998 |
Lucas 11, 5-13
|
Dijo Jesús a sus discípulos:
Imagináos que uno de vosotros tiene un amigo y acude a él a medianoche, diciendo: "Amigo, préstame tres panes, porque ha venido a mi casa un amigo que pasaba de camino y no tengo nada que ofrecerle". Imaginaos también que el otro responde desde dentro: "No molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos ya acostados; no puedo levantarme a dártelos". Os digo que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos para que no siga molestando se levantará y le dará cuanto necesite. Pues yo os digo: Pedid, y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad, y os abrirán. Porque todo el que pide recibe; el que busca encuentra, y al que llama le abren. ¿Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le va a dar en vez del pescado una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le va a dar un escorpión? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?
| Meditación |
by Jean Debruynne
|
El Evangelio está escrito con palabras.
Al Evangelio no se va a buscar ideas, sino palabras. Es detrás de las palabras donde están escondidos los secretos. Por eso hay que ir a hacer la recogida de las palabras, como se hace con las almendras, las nueces; hay que abrir el fruto para encontrar su secreto.
Es una puerta abierta por la que se les invita a pasar para ir a la mesa del Evangelio. Allí hay un trozo de pan para alimentarles.
Vamos a reanudar el recorrido de este evangelio. Escucharán las palabras y se preguntarán qué palabra es la que me llega esta mañana, qué noticia viene a traer a mi vida, no en los principios, no en las ideas, no en general, sino en lo concreto de mi vida.
¿Qué Esperanza viene a anunciarme esa palabra?
Se trata de un amigo. Hoy se trata de la historia de alguien que tiene un amigo. Este texto es una historia.
A través de esta historia Jesús quiere que entendamos algo de su amigo. Si es un amigo, es que se conocen. Y aunque llegue en plena noche, no da miedo, se conoce la voz, hay una relación.
El amigo viene en plena noche.
Viene a llamar.
Viene a molestar.
La noche está hecha para dormir, y la noche y el amigo vienen a molestarnos.
Aquí voy a señalarles un pequeño detalle para ayudar a comprender este texto, pues las casas en la Palestina del tiempo de Jesús no son como las casas africanas ni como las casas europeas.
En las casas palestinas no había más que una pieza. A un lado estaban las cabras y los corderos, después el espacio para acostarse y el granero donde estaba la despensa.
La casa estaba hecha de tal modo que estaba la puerta, luego las padres acostados cerca de la puerta, luego los niños justo del lado del granero.
Así pues, había que despertar y hacer levantar a los niños para acceder al sitio de guardar el pan. Se entiende ahora la respuesta del amigo. Había que hacer levantar a todo el mundo. Y descomponerlo todo.
Lucas quiere darnos a entender que se descompone todo.
Vamos a pararnos y a pensar en el caso, porque ¿qué es esto del amigo que llega? ¿es un acontecimiento? ¿qué es lo que ocurre en mi vida? ¿qué es lo que me ocurre?
Los acontecimientos son muy pesados a veces, y pueden hacer mucho daño, no sólo porque desorganizan lo que yo había previsto , sino porque engendran la muerte.
Si nos hemos encontrado hoy, es porque muchos países africanos han pasado por la muerte. Esto nos ha ocurrido.
La primera cosa a la que quiero invitarles es a abandonar
la idea de que estos sucesos hayan podido ser un castigo.
Dios no es un asesino.
Dios no puede regocijarse por la muerte de nadie.
Hemos vivido acontecimientos que nos han llegado cuando no
se esperaban y que nos han hecho daño.
Un acontecimiento que llega es siempre una pregunta.
¿Qué quiere decirme este acontecimiento? No son necesariamente reproches. Es
siempre una llamada a la conversión del corazón.
El amigo que viene a despertarme en plena noche, me
trastorna, pero es una llamada a trastornar mi corazón.
Yo digo "no", él me llama a decir "sí".
El amigo dirá "sí", sencillamente porque quiere que le dejen en paz.
La paz que hemos venido a recoger aquí es una paz que ama, que vive. Una paz florida. Una paz que inventa el porvenir. Una paz con frutos bien maduros. Esa paz no se encuentra en las tiendas.
Jesús dice: Pedid, y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad, y os abrirán.
El que pide, quiere decir el que tiene necesidad, que es necesario para él, que es urgente para él. El recién nacido, para decir que tiene hambre, llora, porque no tiene palabras.
¿Y ustedes? ¿Por qué cosas lloran, claman, ¿Por qué
cosas suspira su corazón?
La paz, hay que pedirla
La paz es un hambre.
Hay muchas sociedades en el mundo que no quieren la paz. No les sirve de nada,
porque no entra en sus intereses comerciales.
¿Qué paz quieren Vds.?
¿Qué es lo que está pidiendo su corazón cuando pide la paz?
¡Buscad y encontraréis!
Cuando se ha perdido un papel, las gafas, se busca por todas partes.
¿Qué han venido a buscar aquí? ¿Qué busca su corazón?
¡Atrévanse a llamar a la puerta!
¿Qué es lo que les empuja a llamar a la puerta?
¡Llamad y os abrirán! Quiere decir también: ¡Tened confianza! Si buscáis,
si llamáis, tened confianza. No digáis: no se conseguirá.
Pedid y recibiréis.
Llamad y os abrirán.
Buscad y encontraréis.
El texto de Lucas expresa esta confianza con dos parábolas.
Si su hijo les pide un pescado, ¿le darán una serpiente?
Si les pide un huevo, ¿le darán un escorpión?
Si un niño confía en ustedes, entonces ¡cuánto más ustedes pueden confiar
en nuestro Padre del cielo para vivir, para amar, para ser mujeres!
¡Confianza!
Vamos a guardar un tiempo de silencio para meditar. Pensaremos en las palabras que nos dicen algo.