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Reconciliación -   Lucas 10, 38-42

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6 de octubre de 1998
Lucas 10, 38-42 

Según iban de camino, Jesús entró en una aldea, y una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía Marta una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio estaba atareada con los muchos quehaceres del servicio. Entonces Marta se acercó a Jesús y le dijo:

-Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en la tarea? Dile que me ayude.

Pero el Señor le contestó:

-Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas. Cuando en realidad una sola es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.

 

 
 Meditación
 by Jean Debruynne

¿Qué es lo que el texto de hoy ilustra sobre el tema de la reconciliación y de la Paz?

Jesús va de camino, está por los caminos, está en marcha, y el proceso que emprendemos es un ruta. Y para entrar en este proceso hay que ponerse en marcha, porque la reconciliación es un cambio, un cambio de corazón, de mirada, es un cambio de relación. Es Jesús quien entra en el pueblo, Jesús no espera a que el pueblo venga a Él, es Jesús el que va hacia.

Esto quiere decir claramente que este camino que emprendemos va a costarnos algo a cada uno de nosotros, nos va a llamar a dejar unos modos de ver, unos modos de decir, y que cada una y uno de nosotros vamos a ser llamados a una conversión interior.

Desde ahora mismo podemos decirnos que no saldremos de este proceso como vamos a entrar.

Al entrar en el pueblo, Jesús es recibido por Marta.

Efectivamente, Lázaro, Marta y María son viejos amigos de Jesús, se conocen desde hace tiempo, y cada vez que Jesús pasaba por allí se alojaba en su casa.

Las dos hermanas tienen actitudes diferentes.

Tenemos a Marta, muy ocupada con los quehaceres del servicio, preparando las comidas, las habitaciones, y durante ese tiempo María está en el salón, sentada a los pies de Jesús, escuchando la palabra.

Abramos un paréntesis: la frase del Evangelio de Lucas "María estaba sentada a los pies de Jesús", quiere decir algo. Es la descripción de la actitud del discípulo. El que se sienta a los pies del Maestro es el discípulo. Lo cual quiere decir que María es una discípula de Jesús. María forma parte de los discípulos de Jesús. Para Jesús, una mujer puede ser discípulo. Llama a las mujeres a ser discípulos.

No es el papel de Marta, y Marta no está contenta y pide a Jesús "dile que me ayude".

Estamos exactamente ante la cuestión de la diferencia.

Lo que Marta querría es todo el mundo se ponga a hacer el mismo trabajo, que todo el mundo esté junto para las mismas cosas.

Y ahí, en el rechazo de la diferencia, es donde nacen a menudo los conflictos. Lo que María está haciendo no se reconocía en la época de Jesús como una vocación de la mujer. Ha salido de la cocina para hacerse discípula.

Lo que Jesús reconoce a María es que entra en una responsabilidad que para la mujer es más importante que la responsabilidad de las cacerolas. Entrar en la responsabilidad de discípulo no es un pasatiempo.

Lo que revela el Evangelio es que nunca hay una única manera de creer, de existir, de vivir. Es muy difícil reconocer al otro como otro. Querríamos que el otro no fuese más la prolongación de mí.

Jesús se niega a hacer de árbitro, se niega a decirle a María "vete a echarle una mano a tu hermana", y no dice a Marta "deja tus cazuelas y ven a escuchar la palabra". Jesús rehúsa hacer de árbitro y resolver el conflicto.

La verdadera cuestión de la reconciliación no es el "Qué hay que hacer". Se sitúa más bien en el vivir, en la existencia.

Siempre vamos a parar a la cuestión esencial del Evangelio: ¿Qué sentido tiene esto? ¿Qué sentido tiene estar en la cocina? ¿Qué sentido tiene escuchar la palabra de Dios? Y quizá no hay nada tan contradictorio como esto.

En definitiva, María es la que acoge la palabra de Jesús y Marta la que acoge a Jesús.

Cuando nacen los conflictos el peligro es actuar por comparación. Pero ¿realmente estamos pensando como el Evangelio?

El camino no es el tuyo ni el mío, es el Evangelio.

Cuando Jesús dice "María ha escogido la mejor parte", y en el contexto en que lo dice, era impensable que una mujer pudiera ser discípulo, y Él le reconoce el derecho a escuchar y a hacerse discípulo de la palabra.

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