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Cuántas veces nos
ha sucedido que, a lo largo del camino, los obstáculos que encontramos hacen
que nuestras fuerzas se debiliten, que el cansancio se haga más vivo. Aún
cuando la meta está cercana, interiormente empezamos a flaquear y sentimos
que estamos más lejos de llegar al final que al comenzar nuestra marcha.
Esto le sucede a José… no entiende, aunque trata de hacerlo. Es entonces
cuando el Ángel le explica y él es capaz de escuchar, de comprender y
aceptar; esta actitud lo pone nuevamente en sintonía con Dios y con María.
En este camino hacia el encuentro del Niño envuelto en pañales, de alguna
manera, vamos descubriendo algo valioso, como lo expresa Aparecida en el nº
135: “La respuesta a su llamada exige entrar en la dinámica del Buen
Samaritano que nos da el imperativo de hacernos prójimos, especialmente con
el que sufre, y generar una sociedad sin excluidos, siguiendo la práctica de
Jesús (…)”
Tenemos que ser expertos y expertas en descubrir el rostro de Jesús en los
excluidos, porque somos expertos en la oración y el encuentro personal y
comunitario. Porque sabemos ver en lo profundo, más allá de la superficie. Y
aunque a veces nuestras fuerzas flaqueen, tenemos la fuerza del Espíritu que
nos impulsa y alienta a seguir, a no quedarnos a mitad de camino, a trabajar
sin descanso para que nuestro mundo descubra el rostro del Mesías.
Ya queda poco para Navidad, apoyémonos mutuamente para encontrarnos cantando
en torno a un pesebre.
¡Vamos, caminemos como discípulos y misioneros!
P.Carlos Gómez O de M
Capellán Mundial


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