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Como discípulas y
discípulos de Jesucristo nos sentimos interpelados a discernir los signos de
los tiempos, a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del
Reino, anunciado por Jesús, que vino para que todos tengan vida y “para que
la tengan en plenitud”.
Esta interpelación a discernir es un fuerte llamado para las guías a tener
la claridad en la búsqueda y sentido profundo de su ser y quehacer, como
mujeres, como comunidad inserta en la historia.
Porque el Adviento que estamos viviendo nos hace descubrir, en el camino
hacia el pesebre, las realidades de sombras y luces que tenemos en nuestro
mundo.
Nos dice Aparecida en su número 48 “en esta hora de América Latina y el
Caribe urge tomar conciencia de la situación precaria que afecta a la
dignidad de muchas mujeres. Algunas, desde niñas y adolescentes, son
sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa: tráfico,
violación, servidumbre y acoso sexual; desigualdades en la esfera del
trabajo, de la política y la economía; explotación publicitaria por parte de
muchos medios de comunicación social, que las tratan como objeto de lucro.”
Ser expertas en mirar esta realidad quiere decir ser expertas en querer
transformarla… y el Movimiento ofrece un ámbito, un espacio, valores para
poder hacerlo. Es allí donde el mismo Redentor se nos da, por eso la
vivencia de una fe profunda implica caminar en la transformación del mundo.
P. Carlos Gómez O de M
Capellán Mundial

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