EL LLAMADO A LA
RECONCILIACIÓN (...página
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9 de octubre de 1998
Lucas 11, 14-26
Otro día, Jesús liberaba a un mudo
de su demonio. Salió el demonio, habló el mudo y la gente quedó admirada. Pero
algunos dijeron: “Este echa a los demonios con el poder de Beelzebú, jefe de los
demonios.”
Otros, para ponerlo en apuros, exigían una señal que viniera realmente de Dios.
Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino dividido por luchas
internas, corre a la ruina y sus casas se desmoronan unas sobre otras. Lo mismo
Satanás, si está dividido en dos bandos, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues bien,
si yo hecho los demonios por poder de Beelzebú, los amigos de ustedes, ¿con
ayuda de quién los echan? Ellos apreciarán estos comentarios.
¿Cómo echaría yo los demonios sino con el dedo de Dios? Sepan, pues, que el
Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda
su casa, todas sus cosas están seguras, pero si llega uno más fuerte y lo vence,
le quita la armadura en que confiaba y distribuye todo lo que tenía.
Quien no está conmigo, está contra mí, y quien no junta conmigo, desparrama.
Cuando el
espíritu malo ha salido de un hombre, anda vagando por lugares secos, en busca
de reposo. Y, como no encuentra este reposo, dice: Volveré a mi casa de donde
salí. A su llegada, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va y se junta con
otros siete espíritus peores que él; luego vuelve, entra y se queda. Y el estado
de este hombre llega a ser peor que el anterior.
" ...
Meditación
Jesús expulsa un demonio de un mudo. El mudo se pone a
hablar y la gente se maravilla.
Expulsar demonios no es forzosamente
algo extraordinario, milagroso, que causa un gran efecto. No es magia. Aquí,
Jesús expulsa un demonio de un mudo.
Ustedes saben que hay muchos niños, adolescentes, que no se atreven a hablar, y
a menudo se ve que se callan. ¿Cuántos niños hay que se quedan en silencio
porque nunca nadie se toma el trabajo y el tiempo de escucharles? Hace falta
mucha presencia y atención para que lleguen a atreverse a hablar. Son demonios
que hay que expulsar.
¡Cuántas familias y pueblos están mudos porque nunca se les da derecho a la
palabra!
El trabajo de la
reconciliación pasa por el camino de la escucha: escuchar al otro,
devolverle la palabra que le han robado. Tiene derecho a la palabra y su palabra
es tan importante como la de cualquier otro. La palabra del niño es tan
importante como la de un rey.
Esta era la convicción profunda de Baden-Powell cuando
fundó el escultismo
Jesús dice: Escuchen a
los niños, déjenlos venir en medio de nosotros.
Lo maravilloso es que el que creía que no sabía hablar
descubre que puede hablar, que existe. Cada vez que ustedes hacen un trabajo así,
expulsan demonios, el demonio que encierra, que condena a la soledad. El trabajo
de la educación es expulsar demonios.
Educar es hacer personas libres.
Entonces en el séquito de Jesús se empieza a hablar mal, a
murmurar. Dicen: si expulsa los demonios es porque él es amigo del demonio; y
Jesús responde: si soy amigo del demonio y lo expulso, el demonio está perdido
porque combate contra sí mismo. Él mismo se pierde.
El mal está siempre de acuerdo consigo mismo. Los que
hacen la guerra están siempre de acuerdo con la guerra. Los que quieren matar
están siempre de acuerdo para matar. Pero los que quieren la paz, ¿son capaces
de querer la paz?.
Ahora bien, si es verdad que los demonios, los males, si
se dividen van a la ruina¡también
es verdad para la paz !
Si todos los que quieren la paz no la construyen juntos, no se hará más
que crear nuevas ruinas, no se hará más que crear desiertos.
Y Jesús dice: si yo expulso los demonios por el poder de
Dios, entonces el Reino de Dios acaba de llegar. ¿Se dan cuenta de que Jesús no
razona como nosotros?. Hubiéramos dicho: si soy capaz de expulsar los demonios,
¡yo soy el más fuerte!.
Jesús, hijo de Dios, Dios Él mismo, no conduce todo a sí,
conduce todo a su Padre y Jesús dice que la paz es un regalo, que la
reconciliación es un regalo de Dios.
No somos nosotros los amos del mundo. Yo no soy el dueño
de la paz. Yo no soy el que lo sabe todo. Yo soy el servidor de la Paz. La Paz
es un nombre de Dios. Lo cual quiere decir que la ternura de Dios está con
nosotros. Él ha venido a contarnos todo su amor.
La
reconciliación supone que uno ve más allá de sí mismo, que sale de su universo
para recibir, para descubrir. No quiere decir que soy el más fuerte. Quiere
decir que Dios nos ama.
Cuando el hombre fuerte guarda su palacio con sus armas, está seguro, pero si
llega un hombre más fuerte que él, le toma sus armas y le quita todos sus bienes.
Así que tenemos que preguntarnos cómo uno es el más fuerte.
Incluso si tengo todas las armas, hay otros que tendrán más que yo. Entonces ¿dónde
puedo poner mi confianza? Si miran bien al interior de sí mismos, ven claro que
son ustedes a la vez su amigo y su enemigo, el que quiere el día y la noche, el
que reclama el sol y reclama la lluvia.
Cada uno y cada una estamos en conflicto con nosotros
mismos.
A menudo nos decimos que la mejor arma es salvar las
apariencias, mientras por dentro estamos llenos de ruidos. Yo no puedo hacerme
la guerra a mí mismo. No puedo hacerme callar. Yo estoy llamado a vivir conmigo
toda mi vida sin condenarme siempre, sin despreciarme, sin humillarme
constantemente. Cada vez que nos humillamos, es a Dios a quien humi llamos.Es
Dios quien me hace, quien me crea, quien me da la vida.
.
Respetarse es respetar a Dios. Aceptarse como uno es, es
acordar con Dios. Si yo combato contra mí, me va a suceder lo que a este hombre
de Lucas. Tendré siempre la impresión de que nunca saldré.
Cuando se está con el más fuerte, no vale la pena
arriesgarse. Hay que negociar. Es necesario que acepte perder un poco. No puedo
regirlo todo, dirigirlo todo. Estoy con otros en el reparto.
No es en las armas donde hay que poner la confianza. Dios no es la guerra. Dios
es la paz, porque es el amor.
Este Evangelio cuenta una última historia, la de un hombre
habitado por el espíritu impuro. A su llegada encuentra la casa barrida y
ordenada. Eso quiere decir que para encontrar su sitio, la guerra necesita el
barullo, el desorden.
Sembrar el conflicto es sembrar la división. El espíritu malo vuelve con otros
siete y arman el desbarajuste, y como resultado el estado de ese hombre es mucho
peor que era antes.
Lo contrario del desorden, del barullo, es el
diálogo, es no perder
nunca el contacto, no expulsar a nadie de nuestra casa. Nunca es una solución
decir a una Guía: tú no vales nada, no te lo mereces, vete.
El Guidismo está hecho para las que no saben, las que no
alcanzan. Díganlo claro a sus guiadoras: sólo puede existir la paz si los pobres
tienen su sitio entre nosotros.
Para la vista, para la apariencia, es mejor si las Guías
son de familias ricas, para el Evangelio, no hay paz si no están los pobres. Son
los pobres, y no los más fuertes, los que vencen al mundo y nos traen la paz.
Reconciliarse es, ante todo, reconciliarse con los pobres y puede ser que el
primer pobre sea yo. Y quizás deberé comenzar a reconciliarme conmigo mismo.
La reconciliación será siempre un camino de pobres.
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