.
EL LLAMADO A LA
RECONCILIACIÓN ( ...pageina
2 )

5 de
octubre de 1998
Mateo 5, 20-26
"Y les
digo que si su vida no es más perfecta que la de los maestros de la Ley y de los
fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han escuchado que se dijo a sus antepasados:
“No matarás, y el que mate será llevado ante la justicia”. Yo les digo más:
cualquiera que se enoje con su hermano comete un delito, y el que lo trate de
tonto merecería responder ante el Tribunal Supremo, y el que lo trate de
renegado de la fe es digno del infierno. Por eso, cuando presentes una ofrenda
ante el altar, si recuerdas allí que tu hermano tiene alguna queja en contra
tuya, deja ahí tu ofrenda ante el altar, anda primero a hacer las paces con tu
hermano y entonces vuelve a presentarla. Llega a un acuerdo con tu enemigo
mientras van de camino, no sea que tu enemigo te entregue al juez y el juez al
carcelero y te echen al calabozo. Te aseguro que no saldrás de ahí sino cuando
hayas pagado hastael último centavo."
Meditación
En este texto Mateo habla de la
urgencia de la reconciliación, y para traducirlo lo presenta de manera muy
radical. Incluso más allá de lo que se puede entender. De hecho, Mateo abre tres
puertas de la reconciliación.

Está, primero, la reconciliación
con el Otro, el adversario, el hermano, y esta
reconciliación con el otro es la puerta de la reconciliación con Dios.
Si yo me reconcilio con el otro, me reconcilio con Dios, y no puedo
reconciliarme con Dios si no me reconcilio con el otro. Y esto es verdad hasta
el punto que la Iglesia confía a los hombres el perdón de Dios.
La reconciliación con uno mismo es la que a menudo se olvida más, y a menudo ocurre que uno se embrolla y rompe con los demás porque no está reconciliado consigo mismo. Cuando no me atrevo a mirarme a mí mismo y acuso siempre a los otros; cuando vivo mal, me vivo mal a mí mismo y estoy siempre tentado de acusar a los demás.
Todo este pasaje, "si tu ojo derecho es ocasión de pecado arráncalo", no es una llamada a mutilarse, sino una llamada a convertirse. Una llamada a cambiar el punto de vista sobre los otros y sobre uno mismo, cambiar la mirada sobre sí mismo y sobre los demás. En esta llamada a la reconciliación podemos notar que Jesús no dice solamente "si tienes algo contra tu hermano, ve a reconciliarte con él", sino que dice "si tu hermano tiene algo que reprocharte, tiene una queja contra quien sea, deja tu ofrenda allí mismo y ve antes a reconciliarte con tu hermano".
Este
proceso de reconciliación que emprendemos hoy es de verdad un reto de la fe, un
acto de fe.
Es algo distinto de una negociación diplomática, es distinto de una negociación,
pero no quiere decir que no hay que hacer una negociación. Quiere decir que el
proceso de reconciliación que emprendemos es un proceso de conversión, de
conversión interior profunda, de cambio de mirada y de cambio de corazón.
No son sólo los que están en guerra los que tienen que
reconciliarse, somos nosotros los que tenemos que entrar en este movimiento de
reconciliación, somos nosotros los que tenemos que comenzar este camino de
reconciliación para que los que están en guerra puedan entrar en él y puedan
recorrerlo. Y esto no podemos hacerlo desde nuestro exterior, es un movimiento
del corazón, del interior, y un movimiento de conversión en Jesucristo. Este
movimiento de conversión viene de Dios, es iniciativa de Dios, no somos nosotros
quienes hemos decidido este movimiento de reconciliación, viene de Dios, de la
ternura de Dios y nosotros somos los depositarios de la ternura de Dios. A
nosotros nos ha entregado el cuidado de curar, esta ternura de Dios que se ha
roto en el corazón de los Hombres.
Y por eso nos atrevemos a decir Padre Nuestro...
Accueil français / English home page / Acogida español parte