
ENCUENTRO
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(última página del encuentro 5 )
EVALUAMOS
Una vuelta, hará cosa de siete años, tuve que llevar a su casa a un paisano amigo, indio de la tribu de Colique.
Mi amigo es descendiente directo de don Ignacio Coliqueo, cacique que trajo la, hasta el paraje Los Toldos, Tapera de Díaz por aquellos días.
Mi amigo, como todo hombre de su
raza, no era de gastar muchas palabras para expresarse.
Iba con di rumbo a su
casa por unos callejones que yo nunca había transitado.
Ir era fácil. Bastaba seguir las breves indicaciones que me daba. Los caminos de la tribu , más por esa zona, están llenos de curvas, bocacalles, cruces.
Cuando más adelantaba, más me preocupaba la idea de acertaren mi regreso por el buen camino, ya que soy fácil para desorientarme, y en la tribu eso es peligroso porque terminas enredándote en un laberinto de callejones.
Fue así que empecé a centrar toda mi atención en los alambrados, en los árboles y en las demás diferencias que bordeaban el Camino para tener puntos de referencia que a la vuelta me indicaran por donde había venido. Eso hizo que los dos nos calláramos, ya que mi amigo no era de alimentar conversación para llenar el tiempo.
Un poco por romper el silencio, y otro poco porque real mente me preocupaba la idea del regreso, hice una alusión a la dificultad de volver sin sus indicaciones. Y me sorprendió su respuesta que me llegó clara y tranquila:
-No haga cuidao: el rodao lo va llevar
Me iluminó la simplicidad de la solución que a mí ni siquiera se me había ocurrido. Y era tan sencillo.
La última parte del camino, que era la que me ofrecía dificultad, era un callejón poco transitado, y además de tierra arenosa de médano. Las huellas del auto quedaban bastante claramente marcadas como para poder ser seguidas sin peligro de equivocarse.
Yo me había complicado la cosa al tratar de retener un sin número de detalles exteriores al camino y que estaban a su borde.
La cosa era mucho más simple. Bastaba ser fiel, con la mirada sobre la huella, prestando atención al “rodao”. Había que saber reconocer la propia huella.
Y de hecho fue así no más. A la vuelta me agarré con la mirada al rodao, que era mi propia marca dejada en la tierra del médano. Y no la solté hasta que volví a internarme en el paisaje amigo del camino conocido. Y eso, además de ayudarme a no perder el rumbo, me facilitó esquivar una cantidad de barquinazos que tenía ese camino poco transitado. Estoy seguro de que si hubiera fiado de mis indicaciones exteriores al camino, en lugar de haber estado obligado a seguir con atención mi propio “rodao” habría agarrado más de uno de esos barquinazos.
Con eso tal vez tuve que sacrificar imágenes y privar mis ojos de paisajes novedosos. Pero a veces en la vida no hay más remedio que elegir y elegir es renunciar.
Cuando lo que está en juego es el propio rumbo; cuando lo que se decide es llegar o el enredarse, no hay mis remedio que sacrificar paisajes y seguir el propio “rodao”. Hay circunstancias en nuestra vida en las que no podemos ser turistas.
Esto fue al menos el consejo de mi amigo indio, descendiente de un gran cacique que condujo a su pueblo por llanuras sin caminos y que llegó a la meta.
Al comienzo de este cursillo intentamos un primer diccionario, finalizando el mismo y a partir de lo leído, reflexionado y vivido:
¿Cómo enriqueceríamos los siguientes términos?
GUIDISMO:
EDUCACIÓN DE LA FE:
EDUCACIÓN EN LA FE:
GUIADORA ANIMADORA:
PASTORAL:
Completen esta ruta con las metas nuevas que se proponen para seguir avanzando, los recursos que emplearán, las metodologías y tiempos de formación que destinarán.
PARA MEJORAR NUESTRO TRABAJO
Porque todos aprendimos en el
encuentro y el diálogo necesitamos que nos den su opinión sobre:
v Los objetivos que les propusimos
v Los pasos metodológicos que empleamos
v La diagramación
v El lenguaje
v Las dinámicas
v Los textos seleccionados
v Las fichas personales
TODO OTRO COMENTARIO QUE PUEDA SERVIR PARA MEJORAR ESTE SERVICIO DE EDUCACIÓN A DISTANCIA.
A QUIENES HAN COMPARTIDO UNA-PARTE DEL CAMINO, ESTE REGALO
Me han hablado de un Reino extraño y del camino.
Extraño quiere decir feliz,
y camino no significa descanso.
Y no hay que hacerse ilusiones buscando el paraíso
en algún rincón de esta tierra que no hay más que el camino.
¡Bienaventurados los que quieren caminar!
Que el sol de mediodía
-que abraza la piel-
no les haga detenerse.
Que no se espanten
del hambre y de la sed
cuando la ruta pase lejos de las fuentes
y los campamentos.
Que la noche helada y sin luna
y el tener que andar a tientas no les llegue tarde.
Felices aquellos
a quienes no retenga en casa
el tener que caminar sin bolsa ni calzado.
Que no temen al polvo ni al barro
y soportan las espinas y las piedras al pasar
Bienaventurados los que saben
que sólo existe un camino.
Uno no más, tan sólo uno.
No se demorarán buscando otro.
Felices los que sepan dar
La mano y el vestido, y la comida
y lo que haga falta
para que nadie esté solo.
Y no hay que hacerse ilusiones de no cansarse
porque nadie ha dicho nunca que el camino sea fácil
A nadie se ha prometido
hallar gusto en ser pobre y pasar hambre,
ni ser perseguido ni en llorar
Bienaventurados quienes sepan aferrarse,
cuando les falta el aliento, a la mano que les ama
y les muestra el camino que es uno y nada más.
Me han hablado de un Reino extraño y del camino.
Extraño quiere decir feliz
y camino no significa descanso.
Joseph Urdeic.
Y las gracias por crecer y hacer camino
Equipo de educación a distancia
CICG
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