
ENCUENTRO
4
(primera página del encuentro 4 )
SOBRE MENSAJES Y CARTAS
OBJETIVOS:
Vivir una experiencia de
iniciación al silencio, reconociendo los mensajes que nos llegan desde la
realidad.
Ahondar en el pensamiento del
fundador el lugar que la religión ocupa en el movimiento.
Vincular los mensajes-señales
que nos aportan sobre la educación en la fe: el pensamiento de B.P.,
la Carta
Católica del Guidismo y otros documentos.
Poner en práctica distintos
recursos para el estudio de documentos y para el trabajo grupal.
Celebrar la presencia del
Señor, que sale al encuentro de cada uno en su vida cotidiana.
Tiempo
estimado: Este encuentro ha sido planeado para una reunión de 4 o
horas
(una
jornada de medio día). De hacerlo en el ritmo habitual, deberá pensarse en
dividir los temas
en dos veces.
A
UN PUNTO DE PARTIDA
La invitación a un tiempo de silencio puede introducirse como un regalo que se nos presenta en medio de nuestra actividad semanal.
Cada uno puede hacer un rápido listado y comentar al resto los sucesos y actividades que pueblan su semana:
Ir al trabajo de tal a tal
hora,
Asistir al colegio o a la
universidad,
Limpiar la casa,
Hacer las compras,
Preparar la comida,
Llevar los chicos al colegio,
Reunirse a reparar las
reuniones del grupo guía...
Lo importante de este momento inicial es tomar conciencia de cómo transcurre nuestra semana y la de los otros, en la cantidad de ámbitos en los que nos movemos, en cuánto interactuamos, qué roles diferentes vivimos y ... reconocer si es posible el escaso tiempo que dedicamos a dar significación a lo que hacemos.
Se nos regala pues una hora de tiempo ...
Un espacio: el que elijamos, los alrededores del lugar de reunión, una capilla, ...
Una hoja con algunas orientaciones que pueden o no emplearse ... Una consigna: reencontrarnos caminando en el silencio.
A partir del momento que se entreguen las hojas, no se conversa más y se indica retornar en silencio al lugar de reunión en una hora.
Este tiempo, un regalo...
Para encontrarse con la palabra de las cosas...
Para encontrarse con la palabra de los hombres...
Para encontrarse con la palabra que es mi vida...
Este tiempo, un regalo...
Para encontrarme en el silencio...
Caminando por la plaza,
La ciudad,
Sentada en un lugar cómodo...
En el silencio del templo...
Donde quieras...
Mira...
Escucha...
Huele...
Toca...
Dale carta de ciudadanía al silencio para recorrer la semana que viviste, o un acontecimiento en especial...
Ubica esto en tu historia personal...
Da tiempo a que las cosas desde el silencio te den su mensaje.
ENCONTRARSE CON DIOS SUELE SER CASI SIEMPRE UNA EXPERIENCIA DE SILENCIO.
NO UNA EXPERIENCIA DE PRIVACIÓN DE PALABRA, SINO DE ENTRADA EN EL
SILENCIO FECUNDO.
¿PUEDE BROTAR LA PALABRA DE DIOS Y LA PALABRA HUMANA EN EL SILENCIO DE MI CORAZÓN?
De regreso a la “hora de regalo” y dispuesto en círculo se invita a cada uno a compartir la experiencia:
¿cómo se sintieron durante
este tiempo?
¿cómo les resultó entrar en
el mundo del silencio?
¿hubo distintos momentos a lo
largo de la hora, diferentes percepciones?
¿tomaron en cuenta algunas de
las consignas de la hoja?¿cuáles?¿cómo les resultaron?
¿llegaron a reflexiones muy
personales, se reconocieron en algún momento conversando con Dios?
Estas preguntas son a modo de sugerencia, en algunos grupos la fluidez con que se va dando el diálogo las hará innecesarias.
Para ayudar a la lectura de la experiencia incluimos aquí algunos comentarios tomados del libro de Álvaro Ginel Vielva, Catequista para una catequesis de significación de CCS, Madrid.
“Hay una constante que se suele
repetir en todos los grupos: entrar en el mundo del silencio del difícil.
No
pronunciar palabra no quiere decir que hacemos silencio. Al inicio del silencio
físico es cuando más
cosas nos suelen ocurrir... pasamos revista a todo lo que
tenemos pendiente. Hablamos en silencio pero no hacemos silencio. Los grandes
monologuistas somos nosotros.
Solo después de un tiempo las cosas comienzan a “hacernos señales”, llamarnos la atención, hablarnos.
Viene después una fase de vacío o cansancio. En esta fase lo normal es perder el tiempo. No se sabe muy bien qué hacer. Se vive con la sensación de que el silencio es algo pesado y sin sentido.
Hay ordinariamente una última fase en la que comienzan a venir reflexiones personales más profundas y significativas.
Desde adentro de uno mismo brotan palabras que son consideradas como importantes.
Una piedra, una flor, un cardo seco, una rama del árbol que ha sido tronchado... un charco en el camino puede cargarse de significación y tener algo que ve con la vida personal.
Cuando se llega a estos momentos ya no es que uno hable de las cosas que tiene pendiente, ya se está pendiente de la palabra que se está pronunciando continuamente a nuestro lado. Una palabra que con frecuencia no se escucha.
No será fácil que los miembros del grupo digan que llega un momento en que lo más normal es “hablar con Dios”, porque se ha bajado a hablar con el fondo mismo de la propia persona. En ese lugar de la vida personal sale espontáneamente la oración y el diálogo con el Señor de la vida y de las cosas.
Pero no todos los miembros del grupo llegarán a la misma profundidad. Para algunos será el tiempo difícil el tiempo del silencio. Sin embargo, al escuchar la profundidad con que otros han vivido este tiempo comenzará a habitarles el silencio y lo que antes no había tenido palabra...”
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