Conférence Internationale Catholique du Guidisme - International Catholic Conference of Guiding - Conferencia Internacional Católica del Guidismo

 

El camino de las Escrituras

Porque el actuar del Señor Dios no tiene nada de
dulzón ni novelero. Dios toma las cosas en serio.
Porque es el único que toma al hombre en serio.
Jesús no quiere regalarles una respuesta que los consuele.
Quiere que ellos descubran la verdad de los sucesos 
para que se animen a corajear un camino.
Comienza por reprocharles:

¡Pucha que son torpes para entender todo 

lo que dijeron los prontas' ¿No se dan cuenta de
que era necesario que sucediera todo esto. que 
                       cartaCristo padeciera, para entrar así en su gloria?
Y entonces empezó a explicarles las Escrituras.
Y arrancando por el principio, allá por los
tiempos viejos, fue recorriendo con ellos todos
aquellos personajes a quienes Dios embretó
por los senderos de la fe arreándolos detrás
de una esperanza. La palabra del Señor Jesús
fue haciendo desfilar ante sus ojos las figuras
de los grandes patriarcas. y de lodos aquellos
hombres y mujeres, jóvenes y viejos, a quienes
les tocó caminar por esta misma senda antes que a nosotros.
Junto a Cleofás y a su amigo, el Señor Jesús
nos invita también hoy a nosotros a correr este mismo
santero de Emaús con una fe esperanzada que
quiere ir creciendo a medida que nuestros ojos
se abran y que nuestro corazón comience a
arder, al ir entendiendo el sentido profundo del
actuar del Señor Dios en la historia de nuestro pueblo..

 

Quédate con nosotros

Con los ojos como un dos de oro, Cleofás y su amigo habían escuchado el largo relato que Jesús les había hecho vivir al llevarlos por el sendero de las Escrituras. Sentían que esa Palabra les había ido bajando hasta lo hondo del corazón dolorido y que allí algo comenzaba a arder.

Le estaban empezando a encontrar sentido a todo eso que hasta allí les había parecido absurdo.

Y se entusiasmaron.

Pero justamente allí acababa el camino de los dos amigos. Jesús hizo como que quería despedirse y seguir. Necesitaba que ahora fueran ellos los que tomaran la iniciativa de invitarlo a quedarse.

Y lo obligaron a quedarse.

Porque a veces tenemos que obligarlo a Dios a quedarse. No basta con invitarlo. Sobre todo cuando anochece.

Al revés de lo que hacemos tantas veces: que cuando anochece en nuestra vida y todo se nos hace más oscuro, en lugar de invitarlo al Señor más bien lo rechazamos, nos alejamos de El.

Dejamos asi de participar de los sacramentos, de escuchar su Palabra, de compartir la mesa de la familia de Dios. Y asi seguimos por el mundo con los ojos cerrados no viendo más que la negrura que nos rodea, mendigando un consuelo que sólo nos lo dan de lástima.

Al partir el pan

Jesús entró para quedarse con ellos. Y casi sin darse cuenta, los dos amigos recibieron en su casa e invitaron a su mesa al mismo que creían definitivamente perdido para ellos.

Fue el hambre de seguir escuchando la Palabra de Dios lo que les permitió cenar con el mismo Jesús sin darse cuenta. Fue el deseo de seguir escuchando a ese Desconocido que les hacía arder el corazón cuando les explicaba las Escrituras.

De repente el Desconocido tomó entre sus manos el pan, pronunció la bendición y se lo repartió. Y en ese gesto tanta veces visto por ellos cuando Jesús aún vivía, y que en la última Cena había estado tan cargado de contenido, ellos descubren finalmente quién es ese Desconocido.

Se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero antes de que pudieran atinar a nada, Jesús ya estaba ausente. Tenían la absoluta certeza de haberlo visto y de haberlo reconocido en ese gesto familiar, que es nuestra Eucaristía. Y sobre todo la certeza se apoyaba en lo que sentían por dentro en ese momento, y que ya les había impresionado mientras escuchaban las explicaciones de las Escrituras por el camino.

Sentían en el corazón la alegría de la paz. La vida volvía a tener sentido para ellos.

Desandando la noche

Ahí nomás se levantaron y se volvieron a Jerusalén, desandando en la noche el mismo camino que los había traído en el atardecer.

Volvieron hacia sus hermanos, a los que ya creían haber abandonado para siempre. Ahora al haber descubierto que el Señor estaba resucitado, sienten la imperiosa necesidad de ir a reencontrarse con sus hermanos para anunciárselo.

Siempre sucede asi. Cuando un desesperado descubre al Dios que vuelve a darle sentido a su vida. siente por dentro la necesidad de regresar a los suyos para anunciarlo. La esperanza, que es fruto de la desesperación superada, siempre construye una comunidad y la mantiene unida.

¡Es verdad: el Señor ha resucitado!

¡Y se ha aparecido a Simón

Ellos creían haber traído la novedad del anuncio, y se encontraron con que sus hermanos tenían para ellos la misma noticia asombrosa que ellos traían para comentarles.

Y aún estaban hablando de esto, cuando sintieron que Jesús estaba allí entre ellos anunciándoles la paz. Pidiéndoles que no tuvieran dudas ni miedo.

 

 

La misión

Sin embargo el Señor debía irse. La vida de los apóstoles no seria un seguir gozando de la presencia del Señor Resucitado. Ahora comenzaba para ellos una misión.

La de llevar el anuncio a todos los pueblos.

Para eso el Señor les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras, y les dijo:

Estaba escrito que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día. y que en su Nombre se habría de predicar la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén.

Pero Jesús no quiere que partan inmediatamente. Les manda que permanezcan unidos, rezando y alabando a Dios, con María y las demás mujeres. Que esperen que el Espíritu Santo los llene con su fuerza, con la fuerza de Dios, que es la única que puede darnos el coraje para levar su anuncio hasta los confines de la tierra.

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