San
Maximiliano Kolbe nació el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola.
A los 12 años tuvo una visión de la Virgen que cambió toda su
vida:
“…pedí a la Virgen que me dijera lo que sería de mi[…]. Entonces se me
apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja.
Me miró con cariño y me preguntó si quería esas dos coronas. La blanca
significaba que perseveraría en la pureza y la roja que seria mártir. Conteste
que las aceptaba... (las dos). Entonces la Virgen me miró con dulzura y
desapareció".
A los 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos.
Finalizó sus estudios en Roma y en 1918 fue ordenado sacerdote. Devoto de
la Inmaculada Concepción, pensaba que la Iglesia debía ser militante en
su colaboración con la Gracia Divina para el avance de la Fe Católica. Movido
por esta devoción y convicción, fundó en 1917 un movimiento llamado
"La Milicia de la Inmaculada" cuyos miembros se consagrarían a la
bienaventurada Virgen María y tendrían el objetivo de luchar mediante todos los
medios moralmente válidos, por la construcción del Reino de Dios en todo el
mundo. Verdadero apóstol moderno, inició la publicación de la revista mensual
"Caballero de la Inmaculada", orientada a promover el conocimiento, el amor
y el servicio a la Virgen María en la tarea de convertir almas para Cristo. En
1929 fundó la primera "Ciudad de la Inmaculada" en el convento
franciscano de Niepokalanow, que al paso del tiempo se convertirá en una
ciudad consagrada a la Virgen. En los años treinta partió en misión a
Japón y India, donde fundó conventos franciscanos. Durante la II
Guerra Mundial continuó su ministerio sacerdotal en Polonia, escondiendo a
los refugiados polacos, la mayoría de los cuales eran judíos. En 1941 fue
detenido junto con otros frailes y enviado al campo de concentración de
Auschwitz, en donde a pesar de las terribles condiciones de vida prosiguió
su ministerio, celebrando La Santa Misa y dando sacramentos a los prisioneros.
En Auschwitz, el régimen nazi buscaba despojar a los prisioneros de toda huella
de personalidad tratándolos de manera inhumana e inpersonal: como un número; a
San Maximiliano le asignaron el 16670. A pesar de todo, durante su
estancia en el campo nunca le abandonaron su generosidad y su preocupación por
los demás, así como su deseo de mantener la dignidad de sus compañeros. La noche
del 3 de agosto de 1941, un prisionero de la misma sección a la que pertenecía
San Maximiliano se escapó; en represalia, el comandante del campo ordenó escoger
a 10 prisioneros al hazar para ser ejecutados. Entre los hombres escogidos
estaba el sargento Franciszek Gajowniczek, casado y con hijos. San
Maximiliano se ofreció para morir en su lugar. El comandante del campo
aceptó el cambio, y San Maximiliano fue condenado a morir de hambre junto con
los otros nueve prisioneros. En 1982 Juan Pablo II lo canonizó como Mártir de
la Caridad.
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