San Adalberto de Bohemia, llevó el nombre de San Adalberto de Magdeburg, arzobispo que le había educado y convertido. Fue el obispo de Praga desde el 10 de febrero de 982 y un amigo del emperador Otto III. Frente a la resistencia que encontró en los propios compatriotas, debió abandonar su sede episcopal e irse a Roma, donde comenzó su vida monástica según la tradición benedictina (990). Volvió a Praga cuando las circunstancias parecían más favorables. Partió nuevamente como misionero del Evangelio en una misión organizada por el soberano polaco Boleslao el Valiente, dirigiéndose hacia Polonia, Pomerania y Prusia, donde finalmente sufrió el martirio. Boleslao el Valiente pagó a los prusianos un elevado precio para rescatar los restos mortales de su amigo obispo y los trasladó a Gniezno. Los polacos veneran a san Adalberto como uno de sus principales patronos, viendo en él un signo elocuente del vínculo de afinidad que, ya desde el comienzo, unió a las naciones limítrofes de Bohemia y Polonia. En tierra polaca el recuerdo de san Adalberto se asocia, sobre todo, a la Iglesia de Gniezno. Fue canonizado alrededor del año 999.
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