"Gość w dom, Bóg w dom"
Huésped en casa, Dios en casa
En la mesa tendremos que alabar a los anfitriones por la excelente
recepción. Los polacos están convencidos de que son un pueblo muy
hospitalario y les gusta que se lo confirmemos. Y no es sin razón. Sus
antepasados decían: "Huésped en casa, Dios en casa", lo que quería decir
que había que servir lo mejor al invitado. En épocas de crisis cuando faltaba lo
mejor recurrían a otro dicho: "Escudero pobre, taza de plata y olla de cobre".
Solía ocurrir que para hacer una recepción o una fiesta pedían préstamos que
luego pagaban durante años. El deseo de hacer felices a los invitados sigue
vivo hasta hoy día.
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